El mono inquisitivo
Título: El mono inquisitivo
Autor: Santiago Genovés
Editorial: Planeta, año 1978
Valoración: Muy interesante
Resumen:
El antropólogo nos narra las conclusiones de las expediciones que emprendieron intentando cruzar el océano Atlántico a bordo de la Ra, una barca hecho de junco y cañas.
Extractos:
“Muchos experimentos con varias especies animales han mostrado que el exceso de número en un espacio limitado resulta en alteraciones en las funciones endocrinas y en el comportamiento. Lo más desagradable en experimentos con ratas en espacio reducido es que se asemejan al comportamiento nuestro en situaciones similares y que conducen a estados de agresión y violencia. Como dice el sabio biólogo Dubos, la vida en el ambiente tecnológico que disfrutamos parece probar que el hombre puede adaptarse a cielo sin estrellas, a avenidas sin árboles, edificios sin formas, pan sin sabor, celebraciones desprovistas de alegría, placeres sin gracias; en fin, a una vida sin gusto por el pasado ni amor por el presente. Si bien es cierto que el hombre puede vivir y reproducirse en un ambiente totalmente artificial, es muy posible que su separación de la naturaleza lo sustraiga, eventualmente, de varios de los más importantes atributos biológicos y de muchos de los más deseables logros éticos y estéticos. Hasta la era actual, la población de todas las grandes ciudades ha sido constantemente renovada por las inmigraciones de las zonas rurales o de países subdesarrollados. Pero esta transfusión biológica se acabará a medida que se urbanice el planeta. Es más, a lo largo de la historia, los ciudadanos tenían acceso fácil a la naturaleza, Ahora las zonas cultivables, las praderas y los bosques están siendo progresivamente eliminados por el apetito humano. No obstante, el patético éxodo del fin de semana, fuera de las zonas urbanas, atestigua que la tierra, el mar, el cielo, e incluso el fuego continúan constituyendo valores serios para nuestra vida. De hecho, podemos dudar que el hombre logre retener su salud física y mental si pierde el contacto con las fuerzas naturales que moldearon su naturaleza biológica y mental. El hombre pertenece todavía a la tierra, y como el gigante Anteo de la mitología griega, pierda su fuerza cuando aparta sus dos pies de la tierra.”
“Entiendo la investigación en la forma en que la concibe y describe Albert Szent-Györgyi, esto es, como un ir hacio lo desconocido con la esperanza de hallar algo nuevo y valioso.”
“Cuando hay gran mortalidad bélica describimos impropiamente a los hombres comportándose como animales. Pero si encontráramos animales salvajes que hicieran otro tanto, entonces si sería adecuado decir que se comportan como seres humanos. Si observamos a los animales que nosotros llamamos salvajes -en oposición a domestico- en su ambiente natural y en condiciones normales -fuera del zoológico- vemos que no se matan unos a otros, ni atacan a sus crías ni se vuelven locos, ni se masturban, ni desarrollan úlceras pépticas, ni constituyen parejas homosexuales, ni padecen esquizofrenia. No obstante, como lo expresa muy bien Desmond Morris (El mono desnudo, El zoológico humano), cuando encerramos a los mismos animales en la celda de un zoológico -o en otra parte- exhiben casi todas las anormalidades que acabo de mencionar. El hombre las padece también, a fuerza de vivir en espacios reducidos y sin sol, y en condiciones de una constante sobreestimulación y presión social”
“En Ra II estaremos ante una serie de riesgos naturales constantes, pero fuera de la variedad de presiones, también constantes, que persiguen a los habitantes de las urbes: compromisos sociales, sin sentido pero ineludibles y fastidiosos, ruidos insoportables, noticias de primera página truculentas, aires irrespirable, teléfonos -voces sin caro- , televisión -caras sin espíritu- , falta de ejercicio al aire libre, estímulos demasiado prepotentes constantes y de toda clase. En las grandes urbes todo ello lleva a un buen número de individuos al aislamiento y al hastío”
“… encerrados, sin la menor posibilidad de salir, en un espacio muy reducido, aunque con algo importantísimo a nuestro favor: el contacto directo con la naturaleza, tan necesaria a la salud biológica y mental del hombre.”
“Sin embargo morir en el mar no es para mí, después de todo, más terrible que morir en el espíritu mercantil, en la mediocridad, en la corrupción que nos rodea.”
“No cabe duda que con la civilización viene la urbanización, y con ella el amontonamiento de las poblaciones, la falta de verdaderos contactos humanos, las soledad en medio de la multitud.”








